| Origen de Poblado o Caserío Playas del Morro |
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Los primeros pobladores vivían muy cerca de la actual población, siguiendo la playa hacia occidente con dirección a El Pelado existe un sitio llamado Punta Chopolla, que desde tiempos antiguos había sido escogido por los pescadores de todo el litoral aledaño como sitio de recalada para pernoctar cuando la mar estaba procelosa. Poco a poco, gentes de Chanduy, Santa Elena, Colonche, El Morro y Posorja empezaron a conocerse y con la finalidad de socializar un poco más, resolvieron construir pequeños refugios que les permitieran tener una sombra para departir. Eran estos refugios unas simples tarimas con un techo de hojas de palma, sostenido por troncos. Con el transcurrir del tiempo dichos refugios fueron mejorando y adquirieron el aspecto de un caserío que se llamó Chopolla. Posteriormente, y atraídos por la presencia de los pescadores semipermanentes, fueron llegando otros personajes de tierra adentro, cargando sus pertenencias en acémilas y se instalaron en lo que es la Av. Jaime Roldós, desde la esquina de los ostreros hasta el hotel Cattán. Sus viviendas fueron casitas rústicas de planta alta hechas con la madera que el mar botaba en los grandes aguajes, el techo era de una palma llamada bijao bien tejido, a través del cual no pasaba el agua, el piso era de caña guadua y una que otra tabla rústica, las paredes con unos carrizos de caña, en lugar de clavos utilizaban unos bejucos semejantes a un cabo fuerte, los palos principales que hacían de vigas y columnas expresamente tenían horquetas en las puntas. Se deduce que el mayor asentamiento de los pescadores fue por los alrededores del hotel Miralgia y el Cattán y después en lo que hoy es el barrio San Pedro con la familia Mite Cruz, familia que por muchos años encabezó la fiesta de San Pedro, su patrono. Lo primero que hicieron fue buscar y encontrar agua, su intuición de campesinos los llevó a descubrir que muy cerca a la orilla del mar, ésta era de muy buena calidad, y entonces cada familia construyó su pozo, forrando sus paredes con madera de guasango para que la arena no los enterrara. Cada familia sembraba productos de ciclo corto como choclo, camote, zapallo, melones, sandía, tomate, pimiento, papaya, palmas de coco, etc. Criaban aves de corral y tomando posesión de sus terrenos, hicieron corrales para encerrar el ganado caprino, vacuno, caballar y porcino. Pescadores desde tiempos inmemoriales, los nativos habían aprendido a construir sus propios aparejos de pesca, variados en sus formas de acuerdo al tipo de pesca y a la circunstancias del mar. Se servían principalmente de la atarraya y el anzuelo. Carecían de instrumentos de navegación, pero en realidad no los necesitaban ya que su gran sentido de orientación les permitía guiarse, utilizando tanto el viento como los remos o grandes palancas en los sitios de bajo fondo. Los Picones, Las Planchadas, Cientapájaros, El Pelado, Los Bajos y otros nombres puestos por ellos mismos, les servían de suficiente referencia para encontrar su pesca. Hoy en día con nuestras calles asfaltadas, nuestras casas de cemento, el alcantarillado y todas las demás comodidades de la vida moderna, se nos hace difícil cuantificar la fortaleza con que nuestros antepasados hacían frente a las inclemencias del tiempo, los grandes aguaceros que hacían intransitables los caminos e innavegables los ríos, las plagas de insectos que los acosaban produciéndoles numerosas enfermedades para las cuales su rudimentaria farmacopea era insuficiente; las inundaciones que dañaban sus cosechas ahogaban criaturas y animales y destruían sus rudimentarias habitaciones, las grandes distancias que debían recorrer sin medios efectivos de locomoción, mas que sus embarcaciones en el mar y los ríos y sus burros de andar casino en tierra. |