El Cacique Tumbalá PDF Imprimir Correo electrónico

Este héroe indígena ecuatoriano ocupa un sitio distinguido en nuestra historia. Su legado más importante fue su entereza en la apasionada acción por mantener inquebrantable la soberanía de su pueblo y de su raza.

Impidió con energía los proyectos de opresión tanto de los incas como de los españoles.

En Puná existía una tribu belicosa independiente de los Huancavilcas. Los habitantes de la isla Puná tenían una gran civilización, cuya característica principal era su amor por la libertad; consecuentemente fueron un pueblo guerrero, de hábiles y fuertes navegantes, quizá de ellos se valió Tupac- Yupanqui para aventurarse a las islas encantadas.

Su Dios principal era Tumbal señor de la guerra, en cuyo altar sacrificaban a los enemigos, especialmente a los tumbesinos del Perú.

Su religión se concretaba a adorar a los animales y aves marinas, adoraban al mar, al lagarto, a los grandes felinos y al alcatraz o pelícano, el pájaro sagrado, el tótem de la isla representados miles de veces en sus morteros o fusiolas de barro cocido.

Fuente: Pre-Historia del Guayas Dr. Francisco Huerta Rendón – Suplemento Dominical “La Nación” de Guayaquil 9 de octubre 1951.

Isla Puná

La isla Puná está cerca de Tumbes y mide más de  57 Km. de largo por 24 de ancho. Sus habitantes eran considerados como grandes comerciantes y muy bien provistos de mercancía  y alimentos.

Eran de mediana estatura y robustos, llevaban consigo al igual que sus esposas, vestidos de algodón con grandes vueltas y algunas piezas de oro, para presentarse más adornados.

Forma de vida

Esta isla era rica en árboles frutales y muchas clases de cultivos. Producía abundante maíz, yuca y otras raíces alimenticias y tenía una gran variedad de papagayos y pájaros de toda especie, felinos, monos,  zorros, serpientes y otros animales, en gran cantidad. Cuando morían los señores, los lloraban y enterraban con gran reverencia.

Las  mujeres se quedaban en casa y los parientes más próximos se trasquilaban. Eran dados a la religión y según los españoles, hablaban con el demonio, como lo hacían los demás indianos. Sus templos estaban en lugares secretos y oscuros, defendidos por muros en los cuales esculpían figuras horribles. Delante de los altares de sacrificio mataban muchos animales, algunos pájaros e incluso esclavos indios capturados en acciones guerreras, cuya sangre ofrecían a los dioses.
Fuente: Colección Guayaquil y el Río 1555 – 1765 volumen I

En esta isla (año 1560 – 1571) estaba por cacique un indio llamado Don Diego Tumbalá, sabio y ladino, capaz de usar todas sus artes para mantener su independencia y la soberanía de su pueblo. Contemporizaba con los extranjeros que aportaban a su isla, proporcionándoles alojamiento, vituallas y mantenimiento para sus barcos y equipos. Fue amigo de Pizarro y de Benalcázar, a quien cedió una de sus hijas. Este buen trato principalmente con Pizarro a quien proveyó de abundantes vituallas le valió el honor de recibir de parte del Rey de España un escudo de armas y título de nobleza conferidos en Toledo el 23 de diciembre de 1560.
Fuente: Crónicas de Guayaquil Antiguo, Chávez Franco M. Guayaquil 1944 Pág. 307

Por el tiempo en que ocurrió la primera llegada de los españoles a esta isla, Puná estaba habitada por más de 20.000 indios; pero debido a la persecución que sufrieron por haberse opuesto con bravura  a los invasores, su número llegaba apenas a los 96  cuando se realizó el censo de 1734; desde entonces los pocos que quedaban se han retirado a Machala  frente a la costa de la Península.

Las embarcaciones que se encuentran en nuestras playas son herencia de este gran pueblo guerrero, amo del mar y la tierra que practicaba el comercio, llegando con certeza a tierras panameñas, por lo que según los investigadores, las vasijas y demás utensilios de cerámica o barro encontradas en esa tierra, se parecen mucho a las ecuatorianas, resaltando este importante intercambio de culturas.

 

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