| Costumbres de Nuestros Antepasados |
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El 24 de septiembre de todos los años se celebraba una fiesta con la finalidad de realizar el “matrimonio Colectivo”. Dicha tradición se iniciaba al rayar el alba, cuando tronaban en la región los estridentes sonidos de las caracolas. Por orden del Cacique o Curaca, todos los mozos o muchachas en estado núbil o casadero se reunían en la extensa playa de lo que hoy es General Villamil. Aconsejada la juventud soltera por el sacerdote de la tribu, a los toques de la caracola corrían hacia los bosques de inmediato hombres y mujeres al abrigo de cómplice de los árboles las parejas se declaraban su amor. Pasaban todo el día en dulces coloquios y ajetreos amorosos y al caer la tarde, nuevamente los sonidos de la caracola reunían a la juventud, que asomaban en parejas tomados de la mano. Empezaba entonces la verdadera ceremonia que consistía en colocar un aro en el lóbulo nasal de la mujer y al varón se le rasuraba la coronilla, exactamente como la tonsura de los sacerdotes católicos. Para celebrar el matrimonio, tanto hombre como mujer tenían que purgar el vientre. En la actualidad se ha cambiado la razón de esta fiesta que empezó con la celebración solsticio de verano, ya que no es el matrimonio colectivo, sino la fiesta parroquial de la Virgen de la Merced. |